Cuando llega el buen clima a Toronto, las terrazas se convierten en el epicentro de la vida social. Ya sea que busques un atardecer sobre el lago o un skyline iluminado mientras disfrutas de una copa, la ciudad ofrece escenarios que combinan gastronomía y panorámicas memorables. A continuación encontrarás diez lugares —desde islas hasta rascacielos— que sirven platos deliciosos, pero sobre todo regalan vistas que justifican cada fotografía y cada visita.
Toronto Island BBQ & Beer Co.
Cruzar en ferry hasta Centre Island es en sí una escapada, y este local de ahumados y cervezas artesanales lo aprovecha al máximo. Su enorme patio se asoma directamente al lago, con la silueta del downtown como telón de fondo. Abren solo en temporada estival, así que conviene reservar el día y sincronizar el regreso con la puesta del sol.
Qué pedir: el brisket acompañado de una lager local. El toque ahumado y la brisa lacustre son la dupla perfecta para cualquier tarde de verano.
The Rooftop at the Broadview Hotel
Ubicado en un edificio histórico del East End, este rooftop ofrece una vista de 270° del centro. Los ventanales retráctiles permiten disfrutarla incluso en días ventosos, y la sección al aire libre apunta al sur para ver cómo los rascacielos se encienden al anochecer.
Ambiente: coctelería creativa, DJs suaves al atardecer y un público que mezcla turistas con vecinos de Riverside.
Rooster Coffee House Broadview
No es un restaurante, pero la terraza de esta cafetería frente a Riverdale Park es un secreto (cada vez menos) guardado por los locales. Con un capuchino en mano se contempla la línea del horizonte flotar sobre las copas de los árboles.
Tip madrugador: llega antes de las 9 a.m. para encontrar mesa libre, escuchar los pájaros y ver cómo la niebla se disipa sobre el valle.
KŌST
En el piso 44 del Hotel Bisha, KŌST es sinónimo de lujo veraniego. Su piscina infinita se convierte en espejo del CN Tower y del lago Ontario. Aunque el interior también es acogedor, la experiencia cumbre es cenar al aire libre con brisa a 150 metros de altura.
Plato estrella: ceviche de hamachi —fresco, cítrico y perfecto para el ambiente playero urbano.
Grenadier Café
Al centro de High Park aparece este comedor sencillo rodeado de robles y senderos. Aquí el protagonista es el entorno natural: ardillas correteando, cisnes en el estanque y un silencio que parece imposible en plena ciudad.
Lo imperdible: desayuno todo el día. Huevos, tostadas y café mientras el parque despierta son un ritual muy torontoniano.
Queen’s Harbour
Gigantesco, moderno y pegado al agua, este restaurante convierte el paseo marítimo en pasarela. Dos terrazas escalonadas ofrecen vistas despejadas del lago y de los veleros que se mecen en el puerto.
Para informalidades: si prefieres algo más relajado pero con el mismo paisaje, la cervecería contigua sirve pintas y fish & chips a precios amigables.
Toronto Beach Club
A pocos pasos de Woodbine Beach, este templo de mariscos y cócteles mediterráneos presume de puestas de sol dramáticas. Eso sí, en pleno julio la multitud playera puede ocupar parte de tu vista: la música lounge y las lámparas de mimbre compensan la espera.
Recomendación: reserva un jueves al atardecer; suele haber menos afluencia y el cielo regala tonos rosados inigualables.
Writer’s Room en el Park Hyatt
Clásico de Yorkville, este bar de hotel combina literatura y altura. Desde su terraza se distinguen el Museo Real de Ontario, el campus de la U of T y la silueta de Queen’s Park. Su carta de whiskies y cocteles inspirados en grandes autores invita a extender la sobremesa.
Dato curioso: décadas atrás era el refugio favorito de celebridades durante el Festival de Cine de Toronto.
Terroni on Yonge
En pleno barrio de Summerhill, la terraza de esta trattoria es un balcón a calles arboladas y edificios patrimoniales. Entre ladrillos a la vista y guirnaldas de luces, la atmósfera invita a sentirse en una plaza italiana.
Maridaje ideal: copa de Primitivo y pasta alla Norma mientras el campanario de Scrivener Square marca la hora.
BlueBlood Steakhouse
Dentro de los jardines de Casa Loma, este asador es lo más cercano a cenar en un castillo. Puedes optar por el salón suntuoso con vitrales o la terraza que mira hacia las torres góticas y los parterres impecables. La experiencia es pura realeza urbana.
Para impresionar: pide el tomahawk de 45 días de maduración y acompáñalo con un Cabernet de Niagara; la cuenta será alta, pero la memoria eterna.
Ahora ya sabes dónde alzar tu copa y tu cámara. ¡A disfrutar de las vistas y de la sazón torontoniana!