En una reunión cargada de tensiones no resueltas, el presidente estadounidense cambia de tono frente a Mark Carney: “Canadá es muy especial para mí”.
Lo que muchos preveían como un tenso cara a cara terminó en algo insólitamente apacible. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibió este martes al primer ministro canadiense Mark Carney en la Oficina Oval y, contra todo pronóstico, dejó de lado los memes, las amenazas de anexión y los comentarios ácidos, para ofrecer un mensaje sorprendente:
“Canadá es un lugar muy especial para mí. Mi madre tenía parientes allá”, dijo con una sonrisa que nadie esperaba.
De león a gato
Después de meses en los que Trump se refirió a Canadá como el “51.º estado” y llamó “gobernador” al ex primer ministro Justin Trudeau, muchos creían que Carney entraba al “antro del león”.
Pero lo que encontró fue, en palabras del reportero, “un gato doméstico ronroneando”.
Carney, firme pero cauteloso, mantuvo una sonrisa tensa durante el encuentro. Trump, por su parte, parecía más interesado en esquivar las consecuencias de sus propios dichos que en profundizar la relación bilateral.
🧻 “No estoy trolleando… pero quiero a Canadá”
En semanas recientes, Trump y su equipo habían circulado mapas y memes con la frontera borrada entre ambos países, insinuando una integración forzada. “No estoy trolleando”, insistió a Time Magazine.
Sin embargo, en la reunión, cuando se le preguntó si renunciaba a esa idea, respondió con evasivas:
“¿Concesión? No… amistad.”
“Bueno, todavía creo en eso, pero toma dos para bailar tango, ¿verdad?”
🛋 Un elenco en silencio
Durante la reunión, Trump divagó sobre temas que poco o nada tenían que ver con Canadá:
- El tren bala de California
- La biblioteca presidencial de Obama
- Las armas abandonadas en Afganistán
- Un “anuncio muy, muy grande” que prometió pero no reveló
- Diplomacia con los hutíes en Yemen
- Su eterno antagonismo con Joe Biden
Mientras tanto, figuras clave como el vicepresidente J.D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el secretario de Comercio Howard Lutnick, estaban presentes… pero no intervinieron una sola vez.
“El mensaje no verbal del presidente era claro: todos tranquilos”, señaló un observador.
Carney responde con clase (y firmeza)
Aunque no quiso confrontar directamente, Carney dejó clara su postura:
“Hay lugares que simplemente no están a la venta”, dijo tajante, en referencia a los comentarios sobre convertir a Canadá en un estado más de EE.UU.
Trump, algo resignado, murmuró: “Nunca digas nunca.”
“Somos amigos, después de todo”
Al final, Trump declaró:
“Esta es una conversación muy amigable… No como esa otra pequeña explosión que tuvimos con alguien más.”
Con esa frase, y entre risas nerviosas, el encuentro cerró sin acuerdos concretos, pero también sin incendios diplomáticos.
Reflexión final: diplomacia a la Trump
En este capítulo más del reality geopolítico trumpista, la teatralidad reemplazó a la sustancia.
Pero Carney logró lo que muchos temían imposible: que Trump se retractara sin hacerlo explícitamente, y que la visita terminara con un mensaje de “amistad” en lugar de una amenaza.
¿Durará esta tregua? En la diplomacia con Trump, nunca se sabe. Pero por ahora, Canadá sigue siendo Canadá, y no una estrella más en la bandera estadounidense.