“Una emergencia falsa”
Mientras los nuevos aranceles recíprocos de Donald Trump se acercan a su fecha de entrada en vigor esta semana, un grupo de senadores estadounidenses liderado por Tim Kaine (Virginia) está tratando de bloquearlos legalmente. Junto a Amy Klobuchar y Mark Warner, presentaron un proyecto de ley el 12 de marzo con el objetivo de revocar los aranceles a productos canadienses y anular los poderes de emergencia que Trump está utilizando para justificarlos.
¿Qué busca el proyecto de ley?
- Eliminar los aranceles a través de la terminación de la emergencia nacional declarada por Trump bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA).
- Argumenta que Canadá no representa una amenaza extranjera, y que la supuesta “crisis de fentanilo” en la frontera norte es una justificación fabricada.
- Kaine afirma que el verdadero objetivo de Trump es recaudar ingresos vía aranceles para financiar recortes de impuestos a los ultra-ricos, cerrando agencias como el Departamento de Educación.
“Toda esta emergencia canadiense es un engaño”, sentenció Kaine.
¿Hay apoyo bipartidista?
A pesar del dominio republicano en la Cámara de Representantes, Kaine ya ha conseguido el apoyo de tres senadores republicanos:
- Susan Collins (Maine)
- Thom Tillis (Carolina del Norte)
- Rand Paul (Kentucky)
Pero aun si el Senado aprueba la ley, necesitaría pasar por la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, y ser firmada por el propio Trump—quien podría vetarla. Para anular un veto presidencial se requiere una mayoría de dos tercios en ambas cámaras, lo cual es altamente improbable.
Además, el 11 de marzo, los republicanos de la Cámara votaron para bloquear que el Congreso desafíe los aranceles y medidas migratorias de Trump durante todo el año, dificultando aún más los esfuerzos.
Canadá: ¿de aliado a “enemigo comercial”?
El senador Mark Warner (Virginia), con raíces canadienses, expresó su preocupación:
“¿Cómo llegamos al punto de tratar a un aliado histórico como enemigo?”, dijo, tras conversar con el primer ministro canadiense Mark Carney, quien quedó “aturdido” por la escalada del conflicto.