Un nuevo sondeo de Nanos Research reveló que la mayoría de los consumidores en Canadá —incluida la creciente comunidad latina de Toronto— no piensa volver a llenar su carrito con vino, cerveza o licores provenientes de Estados Unidos, aun si esos productos reaparecen en los estantes. A continuación te contamos por qué este boicot se mantiene vivo y qué significa para tu próxima visita a la LCBO o a la tienda de la esquina.
¿Cómo empezó todo?
El boicot al alcohol estadounidense surgió en 2024, cuando la Casa Blanca impuso aranceles punitivos a las importaciones de acero y aluminio canadienses. En respuesta, Ottawa aplicó contramedidas que incluyeron gravar tragos icónicos de EE. UU. —desde bourbon hasta chardonnay californiano—. Las licorerías provinciales reaccionaron retirando muchas de esas botellas y destacando alternativas locales. El gesto se convirtió rápidamente en un símbolo de orgullo nacional y de apoyo a la industria de bebidas canadiense.
El dato clave de la encuesta
Según el estudio de Nanos, el 69 % de los encuestados afirmó que continuaría boicoteando el alcohol estadounidense incluso si las tarifas se levantan y las botellas regresan a las góndolas. Solo un 21 % dijo que volvería a comprar productos de EE. UU., mientras que el resto se mostró indeciso.
Por qué el boicot persiste
Los participantes citan tres motivos principales:
- Solidaridad económica: Prefieren respaldar a productores nacionales que se vieron perjudicados por la guerra comercial.
- Calidad local: Destacan la mejora en vinos de la región del Niágara y en cervezas artesanales de Ontario, que ya compiten de tú a tú con marcas extranjeras.
- Orgullo canadiense: Ven el consumo de productos locales como una forma de afirmar su identidad frente a decisiones políticas extranjeras.
Impacto en Toronto y la comunidad latina
Toronto es una de las ciudades más multiculturales del país y su población latina —que supera las 100 000 personas— no es la excepción. Para quienes disfrutan de mezclar sabores latinos con bebidas de calidad, el boicot ha abierto oportunidades interesantes:
- Las LCBO y los comercios independientes han ampliado su oferta de tequilas, mezcales y rones caribeños, muchos libres de aranceles adicionales.
- Proyectos de cócteles de fusión están experimentando con pisco peruano o cachaça brasileña combinados con frutas locales.
- Restaurantes latinos han sumado a su carta vinos ontarianos que maridan con tacos, arepas o ceviches.
¿Qué pasará si el alcohol de EE. UU. vuelve?
Las negociaciones entre Ottawa y Washington continúan. Si finalmente se levantan las tarifas, se espera:
- Reaparición gradual de marcas icónicas como Jack Daniel’s o los vinos de Napa.
- Descuentos iniciales para tentar a consumidores escépticos.
- Campañas de marketing “Buy Canadian” reforzadas por productores locales para retener cuota de mercado.
No obstante, con dos tercios de la población aún renuente, los expertos pronostican una recuperación lenta de las ventas estadounidenses.
Consejos para el comprador informado
Si quieres apoyar la economía local —o simplemente descubrir nuevas etiquetas—, ten en cuenta:
- Explora las vinerías del Niágara y el Lago Erie; muchas ofrecen catas virtuales.
- Prueba cervezas craft latinas-canadienses elaboradas en microcervecerías de Kensington Market y Etobicoke.
- Aprovecha las promociones de la LCBO en destilados de países latinoamericanos, que suelen rotar mensualmente.
Aunque el escenario comercial puede cambiar de la noche a la mañana, la lealtad del consumidor canadiense —y en especial la de los latinos en Toronto— parece firmemente inclinada hacia opciones locales y latinoamericanas. Ya sea por convicción política, por calidad o por simple curiosidad, el mensaje es claro: el paladar canadiense se está diversificando y el alcohol estadounidense ya no es la primera opción.